En Tikal sobresalen los templos estilizados y altos, que se complementan con las grandes cresterías, que como elegantes peinetas sirven de remate en la parte mas elevada de su arquitectura. Allí se esculpieron los retratos de los gobernantes que ordenaron construir estas edificaciones y, para demostrar que eran los soberanos divinos se les colocaba en las alturas, en dirección del cielo.
Por doquier se han encontrado estelas y altares lisos y esculpidos así como mascarones estucados decorando la fachada de los edificios, con mensajes ideológicos. Es notoria la integración plástica enlazada con la arquitectura de conjunto, con el uso de la pintura, demostrando un dìalogo artístico muy singular. A esto se suman los espacios abiertos de las plazas, que formaban un gran escenario, preparado para realizar los eventos políticos y religiosos, a manera de un enorme teatro para los dioses. Simbólicamente, los templos y pirámides representan las montañas sagradas donde los dioses crearon el mundo y a los seres humanos. Desde estos mismos lugares, los mayas observaron durante siglos la ruta de los cuerpos celestes en el cielo para la perfeccion del calendario solar, el lunar y el ciclo del planeta Venus.