Xecul significa ‘debajo de la Frazada’ y en realidad esta es una aldea protegida y feliz de 6,000 habitantes con menos de 15 ladinos. La abrigan montañas por tres lados y mira hacia el sol naciente, en un bello y rico valle plano, de suelo profundo y arroyos cristalinos. No estando lejos de la cabecera de Totonicapán, los huipiles se adornan con un canesú redondo, común en todo el distrito, pero aquí, en vez de solo formas simbólicas, encontramos una multitud de animales y pájaros entre flores raras. La niña lleva un collar de azabache y plata, su canasto esta cubierto con una servilleta de algodón natural color café, debajo de la cual hay calabazas, y a su derecha se halla una red con ollas de barro para la venta. Su delantal es parte importante del traje y jamás se lle vara sin él. Fue tejido en un telar de pie, por hombres, al igual que su corte. Como los antiguos dioses han sido tan bondadosos con este pueblo, su gente jamás los ha abandonado y hasta el presente siguen con sus ritos paganos a la par de los de la religión católica romana.