La Muerte y el Entierro.
Los mayas creian en al inmortalidad del espiritu. Si fue bueno, iria a un lugar agradable donde abundan la comida, las bebidas dulces y los arboles, que llamaban Yaxche- la Ceiba-.
La mala vida se pagaba yendo a un lugar mas bajo que cualquier otro, llamado Mitnal , el noveno y mas bajo nivel del inframundo maya. Los que llegaban alli tendrian que pasar por el hambre y frio eternos, asi como sentir el tormento de los demonios. Este lugar estaba gobernado por Hun Ahau.
En tanto, los que se quitaban la vida iban a un buen lugar, por eso habia muchos que, ante pequeñas dificultades, se ahorcaban y, de esa manera, iban en busca de la diosa de los suicidios, llamada Ixtab.
Asimismo, los mayas creian que al morir se ingresaba en el inframundo a traves de una cueva o un cenote.
La gente comun era enterrada bajo el suelo de su propia casa, en compañia de articulos que habia usado en vida y otros instrumentos religiosos, para que su viaje al otro mundo fuera afortunado y protegido por los dioses.
Los niños eran colocados en posicion fetal, dentro de vasijas que representaban el vientre materno, y a veces cortaban a la madre una falange para acompañarlo.
Los grandes señores eran enterrados con sus joyas, una mascara de jade para conservar la identidad y una cuenta del mismo material dentro de la boca, que preservaba el espiritu. Pero estas personas no iban solas: los acompañaban esclavos y mujeres, que eran sacrficados durante su funeral.
Los reyes seguian un sendero segun los movimientos cosmicos del Sol, para llegar al inframundo, y ahi, mediante sus poderes sobrenaturales, renacian en el cielo y se convertirian en dioses; por ello, en su honor se edificaban templos sobre sus sepulcros.
Los ajuares funerarios tenian el proposito de alimentar y cuidar al espiritu en el transito hacia Xibalba.
Ademas de la inhumacion tenian otras formas de disposicion del cadaver de las cuales la principal fue la cremacion. Las cenizas se colocaban en urnas decoradas con imagenes del monstruo de la tierra y del jaguar y se depositaban bajo los templos o las casas, y se rociaban con polvo rojo, pues ese color alude a la inmortalidad.
